Demoliciones y Reformas S.L: reinventamos su realidad

Tania Pardo
(texto para el catálogo de la exposición A la derriba, La Panera, Lleida)

”Siempre es un placer presentarnos ante piezas que, como viene el caso, parecen respetar las normas comunes de escritura, y provocar a su vez una emocionante reflexión sobre las lógicas más paradójicas del lenguaje artístico contemporáneo”.
José Julian Soanez (cat. Urbania, 2003)

Supongamos por un momento, o quizá por más tiempo, que pudiésemos habitar los espacios como deseamos, que somos capaces de trepar edificios sin necesidad de utilizar escaleras, que comemos, literalmente, por los ojos, que hablamos, del mismo modo, por los codos y que deambulamos por ciudades donde las flores crecen en el asfalto y las señales de tráfico son dispensadoras de refrescos. Que cada uno de nosotros viésemos de un color y que las palabras tuvieran los significados cambiados: que perro fuese gato y gato ratón. Que andar fuera correr y hablar fuese pensar. Imaginar es alterar. Asumir la realidad intentando cambiar sus significados: ese es el mensaje.

Uno de los ejes vertebradores de la obra de Juan López es el concepto de simulación relacionado con cierta imposibilidad de cambiar lo establecido, que no con la posibilidad de reinventar, alterar o jugar con esa realidad asumida.

Podrían diferenciarse dos tipos de trabajo, por un lado, los realizados en la calle que, a su vez, tienen que ver con el comienzo de su trayectoria, cuando el artista estudiaba en la Universidad de Bellas Artes de Cuenca y encontró en la vía pública el lugar idóneo e inspirador para realizar y mostrar su obra. La calle se convierte en el muro metafórico donde sustentar su trabajo utilizando lo que encontraba en ella, específicamente, carteles y letreros publicitarios. El artista modificaba y variaba estos eslóganes en imperativo para alterar su significado y devolver frases reconvertidas en mensajes de ánimo: Ten Fé; No sé cuánto ni cuándo pero os querré o Serás eterno. Reflexionaba sobre el bombardeo publicitario y la contaminación óptica al que está sometido el viandante a través de todo tipo de anuncios ubicado en mobiliario urbano; y que ha llevado hasta sus últimas consecuencias en Supr (2010), una intervención sobre los letreros de algunas de las calles comerciales de la ciudad chilena de Valparaíso.

Desde entonces, no ha dejado Juan López de realizar intervenciones que se relacionan, sobre todo, con un ingenioso y crítico cambio de significado. Del mismo modo que la publicidad utiliza mensajes breves y directos, el artista hace uso de la palabra y el texto apropiándose de las mismas estrategias imperativas publicitarias pero alterando el resultado final: frases reinterpretadas que vienen a constatarse como un hecho más de pretender cambiar lo establecido. Un gesto, en cualquier caso, de resistencia poética. A veces basta con modificar una grafía para alterar su significado. Los anagramas, los refranes, el cambio en el orden de las palabras, letras o frases son utilizados como un modo de comunicación intencionadamente disléxico. Juegos léxicos que, no sólo aparecen incluidos en las obras pues también suele ser los títulos de las piezas que, la mayoría de las veces, resultan después de finalizadas. En realidad, Juan López emplea lo que en recurso literario se denominaría hipérbaton y consiste en mutar el orden lógico o gramatical de las palabras poniendo de relieve algún vocablo o concepto: El diseño os hará liebres; El Lugar del Arte – El Lute o Para tu tara.

A este artista se le ha relacionado con las subculturas juveniles y más concretamente con el grafitti, pero su aproximación a esta expresión callejera nada tiene que ver con el uso del spray. Por el contrario, el graffiti le interesa de igual modo que el resto de elementos que encuentran en la calle su medio de expresión, como un dispositivo más que habita y convive en los espacios públicos y conforman nuestro paisaje cotidiano. Sus propuestas tienen que ver con la subjetividad del observador o del flaneur contemporáneo, en el sentido más baudelairiano, con aquel que camina por la ciudad con el fin de experimentar. Del mismo modo que de las denominadas culturas urbanas le interesan la utilización del espacio público común como soporte para interactuar de una manera física con él; por ejemplo: El skater, o el traceur, perciben la realidad de otra forma, asumen lo establecido, en este caso los elementos arquitectónicos y el mobiliario urbano, desde otro punto de vista. Para un skater un banco es utilizado para hacer slide y no para sentarte y para un traceur una pared se sube trepando sin utilizar escaleras.

Es este temperamento ante el mundo la metáfora transportable a esa relación que Juan López establece con el arte. Y que podemos poner en directa conexión con cierta actitud de alguno de los artistas que formaron la, ya mítica, exposición comisariada por Aaron Rose en 2004, Beautiful Losers, en honor a una canción de Leonard Cohen, y que se relacionan con un modo de expresión comprometida que utiliza la calle como parte de una realidad circundante, como una forma de vida; de ahí que sus obras hayan de ser entendidas como guiños simbólicos hacia el ciudadano-espectador.

Si en los trabajos de calle el artista pone de relieve su inquietud por alterar lo establecido a través de mínimos gestos; por otra parte, en los trabajos en sala vuelve a incidir en la idea de asumir lo establecido, pero a todo esto se añade, además, el concepto de simulación y la contraposición de términos como dentro-fuera, movimiento-estatismo o realidad y ficción.

En sus intervenciones e instalaciones, realizadas en vinilo y cinta aislante, así como en los dibujos o vídeos, está implícita la idea de boceto ya que para el artista lo más importante no es el resultado final de cualquier trabajo sino el proceso y sus posibles consecuencias relacionadas con el azar, el ensayo o el error. La arquitectura también es un gran foco de interés y, sobre todo, como ésta se inserta en el paisaje urbano y cómo, al fin y al cabo, introducirse en una sala expositiva es hacerlo también en un espacio arquitectónico. Juan López aprovecha los accidentes de los edificios para trabajar con ellos. Utiliza materiales sencillos junto el cutter, las tijeras y sus propias manos, para reinventar iconografías populares extraídas del propio paisaje urbano y de sus referentes cotidianos, “Su imaginario –explica Armando Montesinos- va del hip hop patrio a Spike Jonze, de la teletienda a la cita culta, de Ed Templeton a los superhéroes, de Matta-Clark a Faemino y Cansado”. De hecho el nombre de su página web, rayoslopez.com, es un homenaje a uno de los famosos scketchers del dúo de cómicos herederos de la tradición del humor surrealista de Tip y Coll, porque el humor es para López una inteligente arma arrojadiza.

Pero con el tiempo este artista ha fundido acertadamente ambas ideas: lanzar mensajes para el espectador modificando la arquitectura del lugar al que es invitado a intervenir como en el caso del proyecto Instinto Cuco (2012) realizado en el Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo (Artium).

El vídeo es otra de las técnicas empleadas por este artista, y son tres específicamente los usos que hce de él; desde los que son concebidos como obras independientes –Segurata (2005) o Numerosis (2008)- pasando por las grabaciones que forman parte de una instalación y que se convierten, a su vez, en el elemento real dentro de la ficción, como el nadador grabado en vídeo que parece a punto de zambullirse en la intervención realizada en el espacio galerístico como si de una piscina se tratara (Catalonia is hot Spain (2009) donde, además irónicamente, invita al espectador a “tirarse de cabeza” en ella o como en las imágenes en movimientos de una carretera insertadas en los retrovisores realizados con cinta aislante en el proyecto Ill View (2011). Hasta el vídeo convertido en documentación que registra las acciones de montaje y desmontaje (Tetravatio, 2010). Porque el propio desmontaje ha entrado a formar parte de la pieza por una necesidad de documentar esa obra efímera, así esa documentación grabada pasa a ser una nueva pieza en sí misma.

Ahora en la intervención que Juan López presenta en el Centro de Arte La Panera titulada A la derriba plantea la idea de modificación de la arquitectura por medio del dibujo y el vídeo, algo que ya sucede en trabajos anteriores como en Unión planetaria (2010) o Desgrava (2006), proponiendo dos lecturas: el espacio interior se abre al exterior o el exterior invade el interior. Pero esta vez, va más allá, y genera a gran escala un auténtico trampantojo físico y mental. Para ello, las paredes laterales de esta sala de veintiuna columnas se presentan resquebrajadas, salpicada de enormes huecos y fisuras -realizados con cinta aislante y vinilo-, por los que se filtra el paisaje exterior del edificio a través de la grabación de escenas a tiempo real en las calles aledañas. Estas imágenes en movimiento reflejan exactamente lo que se vería desde ese mismo punto de vista si esos muros fuesen realmente derruidos. En este caso, el paisaje urbano de la ciudad de Lleida, entra a formar parte de la sala expositiva, metáfora consciente de la necesidad de que la realidad sea asumida en determinados lugares; que la calle y su lenguaje contaminen el todavía, para algunos, elitista espacio del arte. El artista propone cómo las roturas, motivos que han cobrado gran relevancia en sus últimos trabajos, son llevadas ahora hasta sus últimas consecuencias en este imponente espacio reconvertido en una destrucción. Sobre el suelo se amontonan los restos de estos falsos muros demolidos que recuerdan a pedazos de viñetas extraídos del cómic y aquí forman parte de esta arquitectura ficticia.
Sin duda, referencia a la idea de ruina de un sistema caduco y de una sociedad, la actual, bastante desorientada.

En esta intervención, como sucede en la mayoría de sus propuestas, el proceso de montaje tiene un carácter manual, algo fundamental para la resolución de sus obras ya que, durante ese transcurso, el artista cántabro habita el espacio como si fuese su taller y lo que sucede en ese período de tiempo es susceptible de ser incorporado a la propuesta final.

Convierte la obra en parte de vida, con estructuras sencillas produce contenido narrativo y poético, “relaciono el concepto de habitar –explica el artista- con el de observar y el de construir con el de reinterpretar”. La simulación, la rotura, la arquitectura y la palabra son entendidas como los elementos sobre los que se sustenta todo el trabajo de Juan López para quien el aspecto efímero de su obra se refiere a la rapidez con la que cambian las cosas. Incluso, irónicamente, parece advertirnos del hecho de percibir figurativamente la realidad y nos ofrece unas grandes gafas (Buenan!, 2008) o unos retrovisores (Rear view Mirrors, 2009) para que estemos atentos de lo que pueda suceder a nuestras espaldas.

Con esta pieza vuelve a jugar en el propio título con la literalidad del significado, “A la derriba” y no “A la deriva”, en alusión a la propia arquitectura del edificio o, tal vez, alegoría de todo aquello que podemos derribar aunque, de momento, parezca sustentarse sobre enormes pilares.

Demoliciones y Reformas S.L: reinventamos su realidad

Tania Pardo
(texto para el catálogo de la exposición A la derriba, La Panera, Lleida)

”Siempre es un placer presentarnos ante piezas que, como viene el caso, parecen respetar las normas comunes de escritura, y provocar a su vez una emocionante reflexión sobre las lógicas más paradójicas del lenguaje artístico contemporáneo”.
José Julian Soanez (cat. Urbania, 2003)

Supongamos por un momento, o quizá por más tiempo, que pudiésemos habitar los espacios como deseamos, que somos capaces de trepar edificios sin necesidad de utilizar escaleras, que comemos, literalmente, por los ojos, que hablamos, del mismo modo, por los codos y que deambulamos por ciudades donde las flores crecen en el asfalto y las señales de tráfico son dispensadoras de refrescos. Que cada uno de nosotros viésemos de un color y que las palabras tuvieran los significados cambiados: que perro fuese gato y gato ratón. Que andar fuera correr y hablar fuese pensar. Imaginar es alterar. Asumir la realidad intentando cambiar sus significados: ese es el mensaje.

Uno de los ejes vertebradores de la obra de Juan López es el concepto de simulación relacionado con cierta imposibilidad de cambiar lo establecido, que no con la posibilidad de reinventar, alterar o jugar con esa realidad asumida.

Podrían diferenciarse dos tipos de trabajo, por un lado, los realizados en la calle que, a su vez, tienen que ver con el comienzo de su trayectoria, cuando el artista estudiaba en la Universidad de Bellas Artes de Cuenca y encontró en la vía pública el lugar idóneo e inspirador para realizar y mostrar su obra. La calle se convierte en el muro metafórico donde sustentar su trabajo utilizando lo que encontraba en ella, específicamente, carteles y letreros publicitarios. El artista modificaba y variaba estos eslóganes en imperativo para alterar su significado y devolver frases reconvertidas en mensajes de ánimo: Ten Fé; No sé cuánto ni cuándo pero os querré o Serás eterno. Reflexionaba sobre el bombardeo publicitario y la contaminación óptica al que está sometido el viandante a través de todo tipo de anuncios ubicado en mobiliario urbano; y que ha llevado hasta sus últimas consecuencias en Supr (2010), una intervención sobre los letreros de algunas de las calles comerciales de la ciudad chilena de Valparaíso.

Desde entonces, no ha dejado Juan López de realizar intervenciones que se relacionan, sobre todo, con un ingenioso y crítico cambio de significado. Del mismo modo que la publicidad utiliza mensajes breves y directos, el artista hace uso de la palabra y el texto apropiándose de las mismas estrategias imperativas publicitarias pero alterando el resultado final: frases reinterpretadas que vienen a constatarse como un hecho más de pretender cambiar lo establecido. Un gesto, en cualquier caso, de resistencia poética. A veces basta con modificar una grafía para alterar su significado. Los anagramas, los refranes, el cambio en el orden de las palabras, letras o frases son utilizados como un modo de comunicación intencionadamente disléxico. Juegos léxicos que, no sólo aparecen incluidos en las obras pues también suele ser los títulos de las piezas que, la mayoría de las veces, resultan después de finalizadas. En realidad, Juan López emplea lo que en recurso literario se denominaría hipérbaton y consiste en mutar el orden lógico o gramatical de las palabras poniendo de relieve algún vocablo o concepto: El diseño os hará liebres; El Lugar del Arte – El Lute o Para tu tara.

A este artista se le ha relacionado con las subculturas juveniles y más concretamente con el grafitti, pero su aproximación a esta expresión callejera nada tiene que ver con el uso del spray. Por el contrario, el graffiti le interesa de igual modo que el resto de elementos que encuentran en la calle su medio de expresión, como un dispositivo más que habita y convive en los espacios públicos y conforman nuestro paisaje cotidiano. Sus propuestas tienen que ver con la subjetividad del observador o del flaneur contemporáneo, en el sentido más baudelairiano, con aquel que camina por la ciudad con el fin de experimentar. Del mismo modo que de las denominadas culturas urbanas le interesan la utilización del espacio público común como soporte para interactuar de una manera física con él; por ejemplo: El skater, o el traceur, perciben la realidad de otra forma, asumen lo establecido, en este caso los elementos arquitectónicos y el mobiliario urbano, desde otro punto de vista. Para un skater un banco es utilizado para hacer slide y no para sentarte y para un traceur una pared se sube trepando sin utilizar escaleras.

Es este temperamento ante el mundo la metáfora transportable a esa relación que Juan López establece con el arte. Y que podemos poner en directa conexión con cierta actitud de alguno de los artistas que formaron la, ya mítica, exposición comisariada por Aaron Rose en 2004, Beautiful Losers, en honor a una canción de Leonard Cohen, y que se relacionan con un modo de expresión comprometida que utiliza la calle como parte de una realidad circundante, como una forma de vida; de ahí que sus obras hayan de ser entendidas como guiños simbólicos hacia el ciudadano-espectador.

Si en los trabajos de calle el artista pone de relieve su inquietud por alterar lo establecido a través de mínimos gestos; por otra parte, en los trabajos en sala vuelve a incidir en la idea de asumir lo establecido, pero a todo esto se añade, además, el concepto de simulación y la contraposición de términos como dentro-fuera, movimiento-estatismo o realidad y ficción.

En sus intervenciones e instalaciones, realizadas en vinilo y cinta aislante, así como en los dibujos o vídeos, está implícita la idea de boceto ya que para el artista lo más importante no es el resultado final de cualquier trabajo sino el proceso y sus posibles consecuencias relacionadas con el azar, el ensayo o el error. La arquitectura también es un gran foco de interés y, sobre todo, como ésta se inserta en el paisaje urbano y cómo, al fin y al cabo, introducirse en una sala expositiva es hacerlo también en un espacio arquitectónico. Juan López aprovecha los accidentes de los edificios para trabajar con ellos. Utiliza materiales sencillos junto el cutter, las tijeras y sus propias manos, para reinventar iconografías populares extraídas del propio paisaje urbano y de sus referentes cotidianos, “Su imaginario –explica Armando Montesinos- va del hip hop patrio a Spike Jonze, de la teletienda a la cita culta, de Ed Templeton a los superhéroes, de Matta-Clark a Faemino y Cansado”. De hecho el nombre de su página web, rayoslopez.com, es un homenaje a uno de los famosos scketchers del dúo de cómicos herederos de la tradición del humor surrealista de Tip y Coll, porque el humor es para López una inteligente arma arrojadiza.

Pero con el tiempo este artista ha fundido acertadamente ambas ideas: lanzar mensajes para el espectador modificando la arquitectura del lugar al que es invitado a intervenir como en el caso del proyecto Instinto Cuco (2012) realizado en el Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo (Artium).

El vídeo es otra de las técnicas empleadas por este artista, y son tres específicamente los usos que hce de él; desde los que son concebidos como obras independientes –Segurata (2005) o Numerosis (2008)- pasando por las grabaciones que forman parte de una instalación y que se convierten, a su vez, en el elemento real dentro de la ficción, como el nadador grabado en vídeo que parece a punto de zambullirse en la intervención realizada en el espacio galerístico como si de una piscina se tratara (Catalonia is hot Spain (2009) donde, además irónicamente, invita al espectador a “tirarse de cabeza” en ella o como en las imágenes en movimientos de una carretera insertadas en los retrovisores realizados con cinta aislante en el proyecto Ill View (2011). Hasta el vídeo convertido en documentación que registra las acciones de montaje y desmontaje (Tetravatio, 2010). Porque el propio desmontaje ha entrado a formar parte de la pieza por una necesidad de documentar esa obra efímera, así esa documentación grabada pasa a ser una nueva pieza en sí misma.

Ahora en la intervención que Juan López presenta en el Centro de Arte La Panera titulada A la derriba plantea la idea de modificación de la arquitectura por medio del dibujo y el vídeo, algo que ya sucede en trabajos anteriores como en Unión planetaria (2010) o Desgrava (2006), proponiendo dos lecturas: el espacio interior se abre al exterior o el exterior invade el interior. Pero esta vez, va más allá, y genera a gran escala un auténtico trampantojo físico y mental. Para ello, las paredes laterales de esta sala de veintiuna columnas se presentan resquebrajadas, salpicada de enormes huecos y fisuras -realizados con cinta aislante y vinilo-, por los que se filtra el paisaje exterior del edificio a través de la grabación de escenas a tiempo real en las calles aledañas. Estas imágenes en movimiento reflejan exactamente lo que se vería desde ese mismo punto de vista si esos muros fuesen realmente derruidos. En este caso, el paisaje urbano de la ciudad de Lleida, entra a formar parte de la sala expositiva, metáfora consciente de la necesidad de que la realidad sea asumida en determinados lugares; que la calle y su lenguaje contaminen el todavía, para algunos, elitista espacio del arte. El artista propone cómo las roturas, motivos que han cobrado gran relevancia en sus últimos trabajos, son llevadas ahora hasta sus últimas consecuencias en este imponente espacio reconvertido en una destrucción. Sobre el suelo se amontonan los restos de estos falsos muros demolidos que recuerdan a pedazos de viñetas extraídos del cómic y aquí forman parte de esta arquitectura ficticia.
Sin duda, referencia a la idea de ruina de un sistema caduco y de una sociedad, la actual, bastante desorientada.

En esta intervención, como sucede en la mayoría de sus propuestas, el proceso de montaje tiene un carácter manual, algo fundamental para la resolución de sus obras ya que, durante ese transcurso, el artista cántabro habita el espacio como si fuese su taller y lo que sucede en ese período de tiempo es susceptible de ser incorporado a la propuesta final.

Convierte la obra en parte de vida, con estructuras sencillas produce contenido narrativo y poético, “relaciono el concepto de habitar –explica el artista- con el de observar y el de construir con el de reinterpretar”. La simulación, la rotura, la arquitectura y la palabra son entendidas como los elementos sobre los que se sustenta todo el trabajo de Juan López para quien el aspecto efímero de su obra se refiere a la rapidez con la que cambian las cosas. Incluso, irónicamente, parece advertirnos del hecho de percibir figurativamente la realidad y nos ofrece unas grandes gafas (Buenan!, 2008) o unos retrovisores (Rear view Mirrors, 2009) para que estemos atentos de lo que pueda suceder a nuestras espaldas.

Con esta pieza vuelve a jugar en el propio título con la literalidad del significado, “A la derriba” y no “A la deriva”, en alusión a la propia arquitectura del edificio o, tal vez, alegoría de todo aquello que podemos derribar aunque, de momento, parezca sustentarse sobre enormes pilares.